Axiología

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Introducción

La llamada axiología o “teoría de los valores” no se limita a utilizarlos como concepto, sino que reflexiona sobre la naturaleza y pertinencia de los mismos, sin reducirse a juicios de valor o preferencias estimativas del todo subjetivas.

En este tema revisaremos las principales características de la axiología y la relación que ejerce en conceptos sociales como el establecimiento de normas y la moral. Al mismo tiempo, considerando al ser humano como ser de valores, se describe la relación que ejercen estos conceptos en procesos como la educación, la enseñanza y el aprendizaje.



El estudio de este tema te permitirá:

Comprender el papel social de los valores, por medio de su influencia en la educación, para apreciar la determinación que éstos ejercen en la acción humana.

Axiología


La teoría pura de los valores, mejor conocida como axiología, trata los valores en cuanto tales, como entidades objetivas, que son razonables como normas de práctica y no obedecen al solo capricho personal. Para unos, el valor depende de los sentimientos de agrado o desagrado, del hecho de ser o no deseados, de las decisiones individuales o colectivas, pero en ambos casos son subjetivos; otros, en cambio, piensan que lo único que hace el hombre frente al valor es reconocerlo, como es el caso de los Derechos Humanos que, a su vez, se convierten en preceptos de estricto y riguroso cumplimiento universal por el hecho de valer para todos.


Axiología


Es de tal importancia un valor que puede llegar a volverse norma: establece lo que se debe hacer y ser; no puede desobedecerse; sirve para instaurar el orden y las jerarquías, pero el desapego a éstas puede coartar la libertad y desembocar en castigos.

Una norma no puede tener aplicación indiscriminada ni ilimitada, se debe ponderar y revisar permanentemente para garantizar que vele por la integridad de todos, sin afectar a nadie al hacerlo. Otro tanto puede decirse de los valores que deben ser evaluados, de acuerdo con cada sociedad, pues sólo así podrán tener sentido.

esquema con características de norma.

Normas


En cierta forma, la moral posee su propio lenguaje que se manifiesta a través de las normas no escritas, pero que ya están impuestas en las sociedades; el no cumplirlas se paga con indiferencia y rechazo. No puede siquiera pensarse en acciones punitivas por faltas a la moral o por pensar distinto. Su lengua es la tradición, la cultura y los valores, no las leyes, pues no es lo mismo ser libre de creer lo que se quiera, que de hacer lo que se quiera motivado por lo que se cree. La ley no se discute ni tiene excepciones y se aplica a todos por igual; la moral descubre nuestras diferencias sin cancelarlas.


balanza con libros.

Normas


esquema con características de la moral.

Moral


El ser humano como ser de valores


Desde tiempos antiguos, Aristóteles pensaba que si un hombre no hacía lo correcto, lo bueno y aceptado por todos, no era porque fuera malo por naturaleza o decidiera deliberadamente hacer lo malo, sino porque no sabía cómo hacer lo bueno. Con todo lo exagerada y poco acertada que hoy nos parezca dicha explicación, ahora revela un aspecto que no se puede ignorar sobre cómo hacer lo bueno o lo correcto o lo mejor en cada caso, pues quién dudaría de que si supiéramos hacer una cosa, o se nos hubiera dado instrucción para saber cómo hacerla, no nos pedirían después cuentas por errores cometidos.

En este panorama, resulta claro que habría que encontrar una forma de no equivocarnos, evitando cometer cierta acción y meditando de antemano sus consecuencias, pero ¿cómo preverlas, si lo que nos falta no es buena voluntad para actuar, sino saber qué hacer?

Ello demanda aprender a hacer lo que se debe en cada caso, lo que se logra irreflexivamente imitando a otros, comportándose donde se esté bajo el dicho “haz lo que hacen los otros”, aunque no se sepa por qué o se esté en desacuerdo, e hipócritamente se haga lo que mejor convenga, “dándole por su lado” a los demás; o bien, se podría conocer cómo ve el mundo aquél al que está a nuestro lado, tratar de tener empatía con él, estar dispuesto a entender por qué cree en lo que cree y cómo lo cree, “sintonizándose en su misma frecuencia”.


silueta de persona pensando.

Reflexión


Otra decisión constituiría un crecimiento personal significativo que pronto rendiría frutos con creces, al permitir una convivencia y sinergia más que eficaz, entre personas que hacen equipo en el terreno laboral, aunque en sus vidas cotidianas no tengan nada en común e, incluso, vivan vidas diametralmente opuestas (como una vida de fervor religiosa y una de placeres sin límite); todo ello posible en virtud de aprender a hacer lo bueno, fundados en la perspectiva de que “lo bueno para mí no siempre coincide con lo bueno para mi compañero de trabajo”; reorientando, por tanto, en un espacio de mutuo respeto, cimentado en comprensión y aceptación del otro en la carrera por alcanzar los objetivos de la empresa de la que uno y otro forman parte, a pesar de sus diferencias, como meta fundamental de su relación dentro de la organización.


personas en el cielo con escaleras, representando la decisión.

Organización



Los valores y la educación

Educar no debe ser visto de manera tan simplista como dar información para hacer algo de manera apropiada, pues ¿qué pasa cuando lo que nos es enseñado como correcto parece que no lo es, o no nos basta para hacer frente a una situación que no se tenía contemplada? Por ser ésta nueva e inesperada, no es lo mismo resolver un problema en la teoría que en la práctica, donde se encara en toda su complejidad algo a lo que nunca nos habíamos enfrentado antes, como el colapso de una empresa con un futuro muy promisorio.

informar es diferente que educar.

Relación entre informar y educar


Fines de la educación y valores

Educar implica, más bien, darle a otro las bases necesarias para decidir y no reglas que repetir, sino principios que tomar siempre en cuenta, evitando —hasta donde sea posible— hacer de él un seguidor totalmente dependiente de quien lo guíe; incapaz de encaminarse por sus propios derroteros por temor a errar, donde la presencia del guía (cual salvador y vigilante permanente) puede tornarse enfermiza.

Pues educar no consiste en reproducir copias fieles de quien educa, ni mucho menos, sino, por el contrario, educar invita y propicia una actitud de cuestionar tanto el valor como el sentido de lo que se enseña; a no caer en creerlo porque lo diga un maestro, sino en descubrir por qué lo que se nos dice ha de ser creído como tal.

fines de la educación.

Implicaciones de la educación


Educación para la vida

Educar no sólo consiste en enseñar, entendido como encaminar a otro o guiarlo por el camino correcto, aunque, sin duda, también habrá que cuestionarse al respecto; para lo cual, se tendrá que inquirir sobre si el sendero que se enseñó como correcto lo es, pues quedará como reto definir qué es lo correcto, logrando que la enseñanza sea aprehendida a través de las técnicas adecuadas, para alcanzar el verdadero conocimiento, comprobado mediante aplicaciones prácticas que así como lo refuerzan, del mismo modo lo ponen a prueba en toda su valía.

mujer sonriente con traje.

Educación para el trabajo


El ser humano está permanentemente abierto a nuevas cosas; a lo que no conoce, a lo que no entiende por falta de conocimiento y a lo que piensa que está mal, aunque no sabría decir por qué.

Entonces, educar significa, primero, comprender el valor de lo que se nos enseña, su aplicación, el porqué y para qué lo aprendemos y, sobre todo, poner después en tela de juicio lo aprendido, aunque a veces parezca ineludible un acto de fe inicial, pues cómo poder dudar de aquello que no se ha conocido todavía, siendo necesario primero saber algo y, más tarde, preguntarse qué se sabe y si lo sabido es como debe ser.


profesor dando clase.

Enseñanza


La educación moral


A veces, educar va más allá de solamente aprender, pues requiere hallar las razones que dan validez a lo que se sabe o, incluso, buscar razones si no se tienen, o darlas si se piensa que no es correcto lo que se enseña; como cuando se llega a una nueva empresa y se cree que ya se cuenta con todas las competencias necesarias, hasta con actitud jactanciosa, esquivando el hecho de que la capacitación y la actualización son necesarias para estar al día, pues los conocimientos evolucionan y nacen nuevos problemas que demandan nuevas soluciones.

Sólo así, el hombre llega a ser verdaderamente hombre, en la medida en que se humaniza, no por recitar como letanía un conjunto de creencias, sino por reconocerlas como suyas por convencimiento propio, haciendo el bien porque eso es lo que busca.


esquema con acciones presentes al momento de educar.

Factores que influyen en la educación


Al momento de trasladar la cuestión de la educación al plano de lo moral, lo principal se convierte ahora en saber, no cómo dejar de caer repetidamente en error tras error, en el desempeño de una función dentro de la empresa, sino en cómo actuar de manera correcta en donde y ante quienes se esté, siendo lo más importante ahora hacer lo bueno, lo aceptado por todos y lo que nadie rechaza; ¡pero cuidado con esto!, pues a veces la mayoría se equivoca y la razón, aunque no pueda imponerla, la tiene la minoría.

Un ejemplo de ello son los reprobables actos de exclusión o rechazo a un empleado, sólo por presentar alguna discapacidad, aunque sea tan apto como cualquiera en el desempeño de un puesto.


mujer con la mano al frente.

Rechazo




En lo fundamental, una educación se concibe como moral en el sentido de que los valores de ese tipo deben ser preservados y heredados, siendo la educación el medio idóneo para esto; como cuando algo se hace por juzgarse bueno y no sólo porque también lo hace alguien de mi familia, mi país o mi empresa (es decir, no porque los demás lo digan, sino porque meditándolo bien, a eso se llega después de mucho pensar).

esquema con características de la educación moral.
Educación moral

Un ejemplo de lo anterior ocurre cuando un padre, que ha discriminado la homosexualidad toda su vida, se ve en la disyuntiva de rechazar a su propio hijo por ser homosexual o aceptarlo porque “la sangre llama”, no porque cambiar de parecer sea ahora lo correcto y antes estaba equivocado, sino porque se incorporó a su vida algo que le hizo repensar sus dogmáticos puntos de vista, considerando que al menos hay otras opiniones de igual valor y no porque alguien lo dice, sino porque algo ha de haber cierto y fundamental que lo hace decirlo y defenderlo de manera resuelta. En cualquier caso, y haga lo que haga, el padre debe someter a revisión sus valores y reeducarse, de ser necesario, para analizar bien las cosas y reflexionar si su rechazo siempre fue un prejuicio o tenía alguna razón de peso que lo fundamentara.

hombre jalándose el cabello.
Prejuicios

Dicho sea de paso, educar en moral no se limita a que se memoricen reglas de conducta que discriminan entre lo permitido y lo prohibido, sino que equivale a someter a discusión, ante uno mismo y la opinión pública, todo aquello en lo que no sepamos qué hacer, movidos o no por un sentimiento que, muchas veces, en lugar de cegarnos, nos descubre nuevas razones para dejar de actuar como lo hacemos y actuar de otro modo, porque, pensándolo bien, a veces se vive en el error sólo por ser aceptado, reprimiendo la posibilidad de cada uno para cambiar de opinión cuando sea necesario, como producto de un verdadero aprendizaje moral permanentemente en cambio.

dedos representando a varias personas y sus opiniones.
Aprendizaje moral


Con base en lo anteriormente expuesto hasta el momento, sobre que no es lo mismo enseñar que aprender, en la medida en que puede transmitirse lo que se sabe como bien sabido o, por el contrario, se recibe el conocimiento del quien sí lo sabe, es menester contar con el conocimiento, ya sea para aspirar a un empleo o para ser promovido a puestos de alta responsabilidad.


pila de libros con una escalera.

Educación moral



Enseñar y aprender en valores


Los costos de confundir estos conceptos complementarios son más graves en la circunscripción de la moral, pues enseñar demanda autoridad, conocimiento y razones que justifiquen lo que se dice; mientras que aprender exige por igual revisar de manera crítica lo que se enseña y a quien lo enseña, además de que debe estar abierto a la posibilidad, real o no, de admitir que las creencias que busca transmitir pueden apoyarse en razones débiles o en fundamentalismos indeseables.


Aprender a aprender

De igual modo, aprender evidencia que se desea saber cuando algo no se sabe, o no se sabe bien, pero ello ha acarreado equívocos sin fin; por lo tanto, primero se deberá estar abierto a lo que se enseña y, ya sabiéndolo, se deberá cuestionar, pues es muy lamentable desechar un punto de vista sin escucharlo, descalificando sin razón a quien lo emite y más cuando lo involucrado es “qué es lo bueno” y “cómo mis acciones han de reflejarlo”, sin olvidar que casi nunca lo bueno para uno es generalmente compartido y aceptado como lo bueno para todos, donde el rechazo sólo se entiende como un acto irreflexivo que se limita a hacer lo que los demás hacen, resultado de “lo que hace el de adelante, hace el de atrás”, pues de la manera como se aprende a aprender, también se aprende a enseñar.


La tolerancia

Junto con tal actitud de apertura, coexiste y crece favorablemente el germen de la tolerancia como elemento central, el cual hace posible la convivencia humana y que la educación se insemine en cada uno como la posibilidad misma de inculcar un conocimiento sólo a quien lo quiera y crea que tiene sentido para su vida; expresión de la libertad de pensamiento que se considera la base misma de toda educación, para no reducirla a vana y a adoctrinamiento impuesto.


Dicho lo anterior, por extensión, actuar así ha de llevar al éxito a cualquier empresa que cifre sus logros en la cooperación, fundada en la aceptación y reconocimiento de las posibilidades del otro, a pesar de lo que los prejuicios nos lleven a pensar que, por ser distintos a nosotros, ciertos empleados con los que trabajamos (no necesariamente en la religión profesada, sino en fumar una marca de cigarros en lugar de otra, etc.), seríamos incapaces de entendernos para cumplir las metas de la organización en cuestión, si bien lo que conquista tales objetivos no depende de qué tan iguales o diferentes seamos sino de qué tan capaces somos de comunicarnos para realizar tareas comunes de manera exitosa.

Actividad 1. Axiología y la formación del ser humano

La axiología o “teoría de los valores” se enfoca en el estudio de los valores y su utilidad para el hombre, a partir de su elección como ser humano, su educación y su determinación personal, como producto de la cultura de la persona.

Con base en los contenidos revisados en la unidad, elige la respuesta correcta a cada reactivo que se te presenta, con la finalidad de evidenciar tu comprensión del tema.


Autoevaluación. El valor de los individuos

Los valores son principios que los hombres consideran fundamentales, al grado tal que piensan que deben ser gobernados por éstos; es decir, que lo que hacen debería ajustárseles, y que si a alguien no le concierne lo que sí vale para los otros, no debería, en principio, importar su expresión de desacuerdo.

A continuación se presentan algunas aseveraciones relacionadas con los valores y la educación. Selecciona si son Falsas o Verdaderas.

Fuentes de información

Básicas

Documentos electrónicos


Pino, M. (2017). Ética en las organizaciones. Apunte electrónico (Versión electrónica). México: SUAYED-UNAM-FCA. Consultado el 23 de noviembre de 2017 de http://fcasua.contad.unam.mx/apuntes/interiores/docs/20172/informatica/2/2/LI_1850_07116_A_Etica_en_las_organizaciones.pdf


Complementarias

Bibliografía

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Llano, C. (2000). Sistemas versus personas. México: McGraw-Hill/IPADE.

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Platts, M. (comp.). (2000). Dilemas éticos. México: UNAM-Instituto de Investigaciones Filosóficas/FCE.

Rabossi, E. y Salmerón, F. (1985). Ética y análisis. México: UNAM.

Rojas, E. (1999). El hombre light: una vida sin valores. México: Planeta.


Cómo citar